Salteando

      "Hola, Luli, ¿cómo andás? Che, estoy en Cafayate, así que mañana voy para Salta... ¡y caigo a visitarte, asi que preparame una cama y empanadas! ... Ah, y te caigo con dos vagos mas que conocí por acá (?)."
      Luli es una compañera de Facultad. Es salteña, pero el primer día de clase la apodamos "Colombiana", nada que ver. Y apenas unos dias antes de yo arrancar este viaje, le comenté mi rumbo sabiendo que andaría por acá, y, masomenos, de pasada, quedamos en que la visitaría, y ella me recibiría gustosa con empanadas salteñas. Una fenómena.
      Creo que por teléfono no fuí muy claro y ella no entendió del todo... por suerte. Porque acá estamos, comiendo una montaña de empanaditas salteñitas en el comedor de su casa. Ella, su hermana y un par de amigas, y el pequeño detalle de Diego y Mati. Los conozco hace uno y tres dias, respectivamente. No sólo que le estoy cayendo de clavo yo, sino que le metí dos desconocidos en su casa. Menos mal que Lu es copada, y que los chicos son buena gente y supieron ganársela de entrada. Diego había comprado su boleto de entrada en la Quebrada: un vino patero y un salamín de puta madre. Bien.
      Al que creo que no le caimos del todo fue al padre de Lu. Él, un tipo serio (muy), un ingeniero bastante conservador y padre de familia medio chapado a la antigua, nos empezó a hacer preguntas, a ponernos a prueba. Igual, es lógico. La nena metió en su casa a tres barbudos semi desconocidos. En una, el padre se va del comedor. Suena el teléfono. "Es mi papá, me citó a su escritorio". Primero, tiene teléfono interno. Segundo, tiene escritorio. Estamos al horno. "Rajemos".
Casona del Molino, meta pué.
      Estoy muerto, vengo durmiendo poco y nada desde Buenos Aires masomenos. Igual, queremos salir. O para "La Balcarce", una peatonal donde están todos los boliches y la joda mal. Me la imagino onda Alem, en Mardel. O peña. Ni se dudó. Lu y su amiga Euge nos llevaron a la mejor peña del norte, la peña mas peña, original. "La casona del molino". Una vieja casa antigua, enorme, que Los Nocheros convirtieron en peña. Cada habitación tiene mesas e instrumentos comunitarios. Todos tocan, todos cantan, todos chupan. Las guitarras pasan de mano en mano igual que los vasos de vino.
      Y entre cerveza "Salta" y cerveza "Norte", Euge me dió clases de salteño. Lección del día, clave: terminar todas las oraciones con un "meta, pué", como pregunta retórica de afirmación. Como un "ok?".
      Nuevo día. Nos proponemos exprimir toda la ciudad en un día. Pinta linda, promete. Elbio tenía razón, Salta es muy húmeda. Lluviecita constante, niebla, gris. Pero allá hay verde. Desde la ventana de lo de Lu se ve el Cerro San Bernardo. Está a cuatro cuadras. En pleno centro, es buenísimo. Ni da subirlo caminando, vayamos en Teleférico. Ja! Ahí arriba parecemos nenitos. Tres boludones correteando en esa cabinita en el aire, mirando con la ñata contra el vidrio para todos lados, sacando fotos. Desde acá arriba se ve todo, eh. La cancha de Juventud Antoniana, la de Gomnasia y Tiro, la de Central Norte, el Martearena... Identifico todos los estadios. Y hasta se ve la casa de Lu ahicito nomás.
      La ciudad está como en el fondo de una gran taza. Alrededor, sólo cerros. Verdes, muy verdes. Tapados por un gris constante. Se ve linda desde acá. Prolija, ordenada. Casi que diagramamos el recorrido a pié por el centro histórico desde acá arriba. Es un mapa 3D. Y está bastante bien preparada para turistas, con carteles e indicaciones útiles por todos lados. Te lleva sola.
      Ya bajandom caminando, una puestera de la feria nos engancha contándonos la historia de la wiphala, su significación, origen, todo. Una estudiosa, tenía banda de libros de esas cosas. Intrigante, interesante. Cada uno de los colores de esa bandera tiene un significado. Si juntás cuatro de esas y las acomodás, se forma un cuadrado. Y dicen que esa es la forma de Atlantis, la ciudad perdida hundida en el Titicaca. Dice que ese lago tiene unas energías diferentes, especiales. Y dice que, según las leyendas indígenas, hay otras coordenadas donde confluyen energías raras: Cachi. Listo, mañana arranco para Cachi.
      El descenso del cerro te hace olvidar por un rato que estás a dos cuadras del cemento de la ciudad. Verde intenso, cerrado, húmedo. Entre cascadas y caminos de piedra, hasta desembocar en el Parque Guemes, su monumento. Y desde ahí arranca el itinerario turístico por el casco histórico. Las mismas calles te llevan paseando como si las veredas fuesen cintas transportadoras. Y todas te llevan a la plaza. Y de ahí n te querés ir, tenés todo. La Plaza 9 de Julio está completamente rodeada por cosas copadas: La Catedral, el Palacio, el Teatro, Museos, y el Cabildo. Una maqueta colonial. Y todo muy prolijo, bonito, pintorezco. Colores. Llueve, y entre las columnas del Cabildo me refugio a escribir un poco. Afuera, en el cemento, todo va a mil. Aca, en el papel, no existe el tiempo. Y le queda linda la lluvia a la ciudad. Bah, igual no la conozco sin ese todo gris...
     Y cerrando el círculo del recorrido, se vuelve por la San Martín. El Parque es demasiado idéntico a los lagos de Palermo. Mismo diseñador, claramente. Mismos botecitos, mismos árboles, mismos patos. Y por si fuera poco, la casa de Lu queda exactamente enfrente al convento San Bernardo. Pero enfrente, eh. Tengo culo, ahí si. En Tucumán caí en la casa de Mario, a tres cuadras de la Casita histórica, sobre la misma vereda. Y en Salta vengo a caer enfrente a un re lugar, a tres cuadras de la Iglesia San Francisco, a cuatro de la Plaza central y cuatro del cerro. Un lujo. Demasiado.

Contraste.
     Nos gustó. Por ser una ciudad bastante grande, pese a eso, igual Salta tiene bien ganado su apodo. Merecido. Es linda, che. Y pinta que de noche va a estar aun mas linda. Promete. Decidimos quedarnos hasta mañana temprano, para conocer la ciudad de noche. Y la pegamos. De noche es preciosa. Las Iglesias, Catedral y todo están perfectamente iluminados, de colores cambiantes, justos, como pintados. Un espectáculo. Bella. Linda la Salta.
     Y de casualidad nos cruzamos a Lu por la calle. Bajo la lluvia, increíble. Dice que la ve complicada alojarnos a los tres otra noche en su casa. Dice que es porque cayeron otras visitas y nos coparon las camas. Yo creo que un poco el padre nos rajó... jaja. "De última, tiramos las bolsas de dormir por ahí... en el patio"m tiro desesperado. "Pero Facu, está lloviendo...". Uy, qué boludo. Patitas en la calle, a buscar hostel. Caimos en uno re turbio, donde el recepcionista estaba re fumado, mal.
     Y yo a buscar las mochilas a su casa. Me recibe el padre. Abre la puerta y ni me habla. Sólo me mira, y mal. No llego a descifrar si nos odia en serio o me está jodiendo y disfruta de mi sufrimiento. Tiene un humor serio, inmutable, onda Landrisina. Yocagadísimo. Subo a buscar las cosas. Me sigue mirando, me sigue con la vista. "Señor, hay alguien en la habitación... ¿entro igual?". "...", él nada. Mira y nada, inmutable. Ufff... abro, saco todo y me quiero ir. Uy, desperté a alguien. Es la amiga de la hermana creo. Me dice que nos quedemos, que no había drama. Mmm... huyo, si. Él me sigue mirando, inmutable. "Ah, señor... (apenas antes de irme), a Lu le trajimos un vino patero y un rico salamín. Si quiere quédeselo para usted, que a ella no le contamos nada (guiño-guiño)". Apenas sonríe. Gané,. Me voy.
Salta, Salta, Salta... pequeño...
    

2 comentarios:

DIEGO RASTA dijo...

Jajaja, viste que pasaron cosas en Salta. La Casona del Molino estaba buenisima. Che, y al viejo lo mataste! lo puede leer tu amiga esto, jaja

LuLy dijo...

jajajajajaajaja Claro que lo lei!!!
Esta genial!! Me mate de risa leyendo!!
Retrataste bastante bien a mi viejo Facu!! prefiero que creas que se enojó realmente y no que los estaba molestando!
Claramente no aprendiste bien las clases de salteño! EL meta y el pue no necesariamente van juntos y no necesariamente al final de CADA frase! jajajajaja
Me alegro que la hayas pasado bien amigo!!